La polarización del país es total. La responsabilidad de haber llegado a estos extremos de intransigencia, fanatismo y sectarismo es de los medios de comunicación. La siniestra e infeliz actitud de periodistas y ejecutivos de los medios en cuanto a la consigna de evitar de cualquier forma el triunfo del candidato Ollanta Humala, nos muestran, inequívocamente, los niveles de corrupción y putrefacción del sistema.
Por lo visto hasta ahora no existe un debate alturado de propuestas de gobierno sino la zancadilla y los ataques arteros a un líder emergente contra la inmoralidad del pasado y el presente. La frondosa mafia de sicarios y ladrones de Alberto Fujimori, unida a la de Alan García con sus crímenes y “faenones,” se defiende con todo y sin medida. La falta de escrúpulos reina en la campaña emprendida por estos conocidos delincuentes llegados a la presidencia de la república para enriquecerse de manera obscena. Revisar al detalle las enormes fortunas de ambos, es más que suficiente para crear el rechazo total a las aspiraciones de Keiko Fujimori, la inmoral representante de esta frondosa mafia Fujimori-García que apuesta por la continuación de los robos y los crímenes.
Inventar mentiras y sacar de la manga infamias de desprestigio y censura, son formas de difamación ya usadas anteriormente para que la frondosa mafia de degenerados políticos se mantenga en el poder. Poco a poco el pueblo va aprendiendo y esta vez no se dejará sorprender por los medios de comunicación y el arsenal de calumnias. Aquí la lucha final no es ideológica ni de principios, tampoco de estabilidad y democracia, menos de programa económico; aquí observamos, que absolutamente nada va a satisfacer la expectativa de los críticos de Ollanta Humala puesto que ellos, obnubilados, ofuscados y alucinados, buscan la destrucción de una alternativa moral contrapuesta a corrupción endémica del país representada, en este momento, por Keiko Fujimori y su entorno de mafiosos reciclados. En este escenario, pues, los temas de corrupción y derechos humanos, no quieren ser tocados; y estos son los temas por los cuales Alberto Fujimori fue sentenciado a 25 años de prisión efectiva que disfruta en una suite cinco estrellas, llamada cárcel dorada, gracias al acuerdo con Alan García.
El país no puede avanzar en ninguna dirección con la inmensa corrupción a cuestas. No puede avanzar con medios de comunicación vendidos a la mafia Fujimori-García, que antes que educar a la ciudadanía les infunde el miedo a través de las maledicencias y calumnias, a través de fantasmas y espectros dirigidos a aprovechar la ignorancia de la población sembrando la duda y la incertidumbre. Si a todo este montaje de prácticas viciosas para ingresar a los hogares le llaman labor periodística, estamos a mucha distancia de la cultura moderna y el progreso. No nos engañemos con testigos pagados ni con libretos elaborados, todo el montaje está conducido a la trampa, a la estafa ciudadana y al fraude electoral. La mafia Fujimori-García se vale de cualquier estratagema o sainete para dar vida a la continuidad de gobiernos impúdicos y desvergonzados, es decir, de forajidos prontuariados. De ahí que una parte de la atmósfera del engaño sean las encuestas falseadas de las empresas comerciales, distinguidas por la falta de vergüenza y limpieza.
A fin de crear la confusión, sabiendo que el temor es tan contagioso como la peste, las encuestas comerciales vienen creando el ambiente del “empate técnico” cuando en el nivel de todo el país la candidatura de Ollanta Humala sobrepasa con creces a la de la japonesa Keiko Fujimori y en Lima la creciente aceptación del candidato emergente contra la corrupción y la inmoralidad es un hecho incontrastable. ¿Cómo creer, por ejemplo, en los datos emitidos por Datum y CPI, cuando son empresas procesadas judicialmente por recibir dinero de Montesinos y hacer trampa? ¿Cómo creer cuando el fiscal superior, Oscar Zevallos Palomino, ha pedido ocho años de cárcel para los gerentes de Datum y CPI, Manuel Torrado y Manuel Saavedra, precisamente, por haber sido coimeados en el SIN a cargo de Vladimiro Montesinos, asesor predilecto de Alberto Fujimori? Y cómo creer en IPSOS-APOYO que no acierta una sola desde hace muchos años y tiene la costumbre de acomodarse a los resultados finales de manera sigilosa y subterránea. No existen “empates técnicos” ni “ventajas relativas” ni “intenciones de voto verdaderas” con encuestadoras financiadas y sobornadas por los medios de comunicación comprometidos en destruir a Ollanta Humala junto a los poderes fácticos del país, entregados a la corrupción y la inmoralidad.
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sábado, 28 de mayo de 2011
miércoles, 18 de mayo de 2011
Los silencios de Jaime Bayly
Los directivos del canal Cuatro de TV y del grupo El Comercio deben haber enloquecido, luego de escuchar el segundo programa dominical de su contratado estrella Jaime Bayly. La cantaleta al estilo de los jerarcas nazis, de repetir y repetir la monserga del “Andahuaylazo” dos domingos seguidos denota una decadencia absoluta. La falta de argumentos para cumplir con su único propósito de mercenario bien pagado, el de destruir la imagen de Ollanta Humala a favor de la hija del ex dictador preso, Alberto Fujimori, deviene en ineptitud profesional. Y lo más grave de esta actuación soñolienta y aburrida acontece por la subestimación a los ciudadanos peruanos, en tanto y en cuanto las reiteradas repeticiones de lo ya dicho, durante una hora, harían ver que para el periodista estrella Bayly, enviando sus “enlatados” desde Miami, sus compatriotas son una cáfila de tarados que no entienden a la primera de bastos. ¡Basta de discos rallados!.
Jaime Bayly basado en las mentiras por él mismo fabricadas, respecto a la participación de Ollanta Humala en el periódico de su hermano Antauro y en el protagonismo de la toma de la comisaría de Andahuaylas, llega a la conclusión por sí y ante sí, de que “el teniente coronel Ollanta Humala no es un demócrata” para luego acusarlo de golpista porque según la escasa inteligencia del periodista-escritor el Andahuaylazo fue un fracasado golpe de estado. Entonces, repitiendo la monserga una hora seguida, de forma monotemática, los ciudadanos peruanos debemos tragarnos ese brulote. Supongamos que los votantes de menor razonamiento puedan creer la tontería de un golpe de estado desde una humilde comisaría de provincia, con lo cual fundamenta Bayly su programa de gran elector pontificio; sin embargo, el Perú entero sabe que el último golpe de estado en el país lo protagonizó Alberto Fujimori el 5 de abril de 1992. De allí que si Bayly quiere hablar de golpistas, dictadores, tiranos, déspotas y autoritarios, y de líderes que quieren perpetuarse en el poder, pues allí tiene como paradigmas frente a sus narices a Alberto Fujimori, a su hija la candidata de sus favores y a todos los secuaces que la rodean y que de llegar al poder cometerían las mismas tropelías contra el ordenamiento jurídico de la nación, empezando por la liberación del reo ejemplarmente sentenciado a 25 años de prisión por sus crímenes y latrocinios. Conclusión: si el teniente coronel Ollanta Humala no es un demócrata ¿cómo en la escasa memoria de Jaime Bayly, Alberto Fujimori, Keiko y su gente si lo son?
No hay nada qué hacer, algo anda mal en la cabeza de este Jaime Bayly convertido, por el grupo El Comercio, en sumo pontífice de la nación o en todo caso este sujeto tiene los valores invertidos. Porque si lo que Bayly hace es periodismo, realmente don Luis Miro Quesada de la Guerra, refundador de El Comercio, debe morir tres veces, repitiendo que el “periodismo es el más vil de los oficios.” Si Ollanta Humala según la versión tergiversada e inventada por Bayly no es un demócrata, desde luego, debe tener una versión clara frente a la “demócrata” Keiko Fujimori que acompañó a su padre en los más oscuros proyectos de su gobierno como aquellos de comprar las líneas editoriales de los diarios y los canales de TV; mancillar el uniforme patrio de los altos mandos de la Fuerza Armada haciéndoles firmar un acta de sujeción a su persona al estilo de Abimael Guzmán; sobornar, chantajear y extorsionar a políticos y empresarios opositores a través de los SIN en manos del delincuente Vladimiro Montesinos; re-elegirse de presidente de la república mediante fraudes continuos hasta su tercer mandato; esterilizar a 300 mil madres de familia sin su consentimiento; rematar las empresas públicas valoradas en quince mil millones de dólares y desaparecer el dinero obtenido que dijo era sólo nueve mil millones de dólares; ordenar asesinatos a sangre fría a través del grupo Colina y participar desde un helicóptero en la eliminación de los presos acusados de pertenecer a Sendero Luminosos en el penal Castro Castro; ordenar los vejámenes y la tortura física de su esposa Susana Fujimori; etc. etc. La lista de atropellos es mucho más larga.
Jaime Bayle, pues, está en la obligación de informar sobre estos nefastos acontecimientos históricos que, según su punto de vista, harían a Keiko Fujimori una demócrata cabal y ejemplar frente a Ollanta Humala, sobre todo cuando dice que “su padre realizó el mejor gobierno de la historia del Perú y que, además, es su asesor principal o de lujo dada su experiencia de gobierno.” Bueno, si no quiere ser un mequetrefe del periodismo nacional, Bayly, debería aclarar qué piensa de los atropellos a la democracia protagonizados por Alberto Fujimori y su hija como primera dama de la nación, más aún cuando la candidata de Fuerza 2011, Keiko Fujimori, ha respaldado la “guerra sucia” diseñada por él y los grupos de poder encabezados por El Comercio, con la finalidad de destruir la candidatura nacionalista de Ollanta Humala. Ya que Keiko, muy suelta de huesos con el cinismo propio heredado de su padre, dice: el escritor Bayly “no ha hecho más que decir la verdad sobre su contendor.” Ahora, los peruanos en general, sin pasiones políticas de ninguna clase, deseamos fervorosamente que Bayly diga la verdad sobre Keiko y la dictadura que asoló el país luego del golpe militar del 5 de abril de 1992.
En la conspiración de las mentiras, al estilo Fujimori-Montesinos, a fin de impedir la llegada de Ollanta Humala a palacio de gobierno, también participa de lleno Alan García, quien viene cumpliendo sus objetivos de aquella célebre frase que lo pinta de cuerpo entero: “Yo no puedo elegir quien va a ser presidente pero si puedo evitar que un candidato llegue a palacio si no es de mi agrado.” Ciertamente por ello, el escritor Mario Vargas Llosa denunció que el gobierno del presidente Alan García ordenó a los servicios estatales de inteligencia destruir la campaña del candidato presidencial Ollanta Humala. El premio Nóbel de Literatura indica que se aplica el “Plan Sábana”, mediante el cual “a través de métodos delictuosos, espionaje telefónico, operaciones calumniosas y escandalosas filtradas a la prensa para minimizar el prestigio de Ollanta y el de su entorno familiar utilizando mercenarios y provocadores". En la columna de opinión dominical en el diario El Comercio, MVLL agrega que la denuncia proviene "de militares y civiles del servicio de inteligencia indignados de que se los utilice para fines políticos ajenos a su misión específica".
Por último y tratándose de Alan García, Jaime Bayly tampoco recuerda que los apristas encabezados por el candidato natural de esa organización partidaria convertida en una mafia propia de alanistas, fueron los atacantes más mordaces y directos del gobierno de Alejandro Toledo exigiendo la vacancia presidencial durante los años 2004-2005, antesala del equivocado llamado a la insurgencia popular desde la comisaría de Andahuaylas tomada militarmente por Antauro Humala, lugar donde debido a los enfrentamientos murieron cuatro policías, no como dice Bayly asesinados de puro gusto; pues en similitud también debería decir que los 24 policías muertos en Bagua por la equivocada orden de Alan García y la ministra Cabanillas, fueron asesinados por el gobierno y no murieron debido a los enfrentamientos con los nativos de la selva.
Jaime Bayly basado en las mentiras por él mismo fabricadas, respecto a la participación de Ollanta Humala en el periódico de su hermano Antauro y en el protagonismo de la toma de la comisaría de Andahuaylas, llega a la conclusión por sí y ante sí, de que “el teniente coronel Ollanta Humala no es un demócrata” para luego acusarlo de golpista porque según la escasa inteligencia del periodista-escritor el Andahuaylazo fue un fracasado golpe de estado. Entonces, repitiendo la monserga una hora seguida, de forma monotemática, los ciudadanos peruanos debemos tragarnos ese brulote. Supongamos que los votantes de menor razonamiento puedan creer la tontería de un golpe de estado desde una humilde comisaría de provincia, con lo cual fundamenta Bayly su programa de gran elector pontificio; sin embargo, el Perú entero sabe que el último golpe de estado en el país lo protagonizó Alberto Fujimori el 5 de abril de 1992. De allí que si Bayly quiere hablar de golpistas, dictadores, tiranos, déspotas y autoritarios, y de líderes que quieren perpetuarse en el poder, pues allí tiene como paradigmas frente a sus narices a Alberto Fujimori, a su hija la candidata de sus favores y a todos los secuaces que la rodean y que de llegar al poder cometerían las mismas tropelías contra el ordenamiento jurídico de la nación, empezando por la liberación del reo ejemplarmente sentenciado a 25 años de prisión por sus crímenes y latrocinios. Conclusión: si el teniente coronel Ollanta Humala no es un demócrata ¿cómo en la escasa memoria de Jaime Bayly, Alberto Fujimori, Keiko y su gente si lo son?
No hay nada qué hacer, algo anda mal en la cabeza de este Jaime Bayly convertido, por el grupo El Comercio, en sumo pontífice de la nación o en todo caso este sujeto tiene los valores invertidos. Porque si lo que Bayly hace es periodismo, realmente don Luis Miro Quesada de la Guerra, refundador de El Comercio, debe morir tres veces, repitiendo que el “periodismo es el más vil de los oficios.” Si Ollanta Humala según la versión tergiversada e inventada por Bayly no es un demócrata, desde luego, debe tener una versión clara frente a la “demócrata” Keiko Fujimori que acompañó a su padre en los más oscuros proyectos de su gobierno como aquellos de comprar las líneas editoriales de los diarios y los canales de TV; mancillar el uniforme patrio de los altos mandos de la Fuerza Armada haciéndoles firmar un acta de sujeción a su persona al estilo de Abimael Guzmán; sobornar, chantajear y extorsionar a políticos y empresarios opositores a través de los SIN en manos del delincuente Vladimiro Montesinos; re-elegirse de presidente de la república mediante fraudes continuos hasta su tercer mandato; esterilizar a 300 mil madres de familia sin su consentimiento; rematar las empresas públicas valoradas en quince mil millones de dólares y desaparecer el dinero obtenido que dijo era sólo nueve mil millones de dólares; ordenar asesinatos a sangre fría a través del grupo Colina y participar desde un helicóptero en la eliminación de los presos acusados de pertenecer a Sendero Luminosos en el penal Castro Castro; ordenar los vejámenes y la tortura física de su esposa Susana Fujimori; etc. etc. La lista de atropellos es mucho más larga.
Jaime Bayle, pues, está en la obligación de informar sobre estos nefastos acontecimientos históricos que, según su punto de vista, harían a Keiko Fujimori una demócrata cabal y ejemplar frente a Ollanta Humala, sobre todo cuando dice que “su padre realizó el mejor gobierno de la historia del Perú y que, además, es su asesor principal o de lujo dada su experiencia de gobierno.” Bueno, si no quiere ser un mequetrefe del periodismo nacional, Bayly, debería aclarar qué piensa de los atropellos a la democracia protagonizados por Alberto Fujimori y su hija como primera dama de la nación, más aún cuando la candidata de Fuerza 2011, Keiko Fujimori, ha respaldado la “guerra sucia” diseñada por él y los grupos de poder encabezados por El Comercio, con la finalidad de destruir la candidatura nacionalista de Ollanta Humala. Ya que Keiko, muy suelta de huesos con el cinismo propio heredado de su padre, dice: el escritor Bayly “no ha hecho más que decir la verdad sobre su contendor.” Ahora, los peruanos en general, sin pasiones políticas de ninguna clase, deseamos fervorosamente que Bayly diga la verdad sobre Keiko y la dictadura que asoló el país luego del golpe militar del 5 de abril de 1992.
En la conspiración de las mentiras, al estilo Fujimori-Montesinos, a fin de impedir la llegada de Ollanta Humala a palacio de gobierno, también participa de lleno Alan García, quien viene cumpliendo sus objetivos de aquella célebre frase que lo pinta de cuerpo entero: “Yo no puedo elegir quien va a ser presidente pero si puedo evitar que un candidato llegue a palacio si no es de mi agrado.” Ciertamente por ello, el escritor Mario Vargas Llosa denunció que el gobierno del presidente Alan García ordenó a los servicios estatales de inteligencia destruir la campaña del candidato presidencial Ollanta Humala. El premio Nóbel de Literatura indica que se aplica el “Plan Sábana”, mediante el cual “a través de métodos delictuosos, espionaje telefónico, operaciones calumniosas y escandalosas filtradas a la prensa para minimizar el prestigio de Ollanta y el de su entorno familiar utilizando mercenarios y provocadores". En la columna de opinión dominical en el diario El Comercio, MVLL agrega que la denuncia proviene "de militares y civiles del servicio de inteligencia indignados de que se los utilice para fines políticos ajenos a su misión específica".
Por último y tratándose de Alan García, Jaime Bayly tampoco recuerda que los apristas encabezados por el candidato natural de esa organización partidaria convertida en una mafia propia de alanistas, fueron los atacantes más mordaces y directos del gobierno de Alejandro Toledo exigiendo la vacancia presidencial durante los años 2004-2005, antesala del equivocado llamado a la insurgencia popular desde la comisaría de Andahuaylas tomada militarmente por Antauro Humala, lugar donde debido a los enfrentamientos murieron cuatro policías, no como dice Bayly asesinados de puro gusto; pues en similitud también debería decir que los 24 policías muertos en Bagua por la equivocada orden de Alan García y la ministra Cabanillas, fueron asesinados por el gobierno y no murieron debido a los enfrentamientos con los nativos de la selva.
martes, 25 de enero de 2011
La profundidad de “Todas las Sangres”
Escribo esta nota conmemorando el centenario del nacimiento (18 enero, 1911) de José María Arguedas, antropólogo, escritor y poeta, uno de los más destacados exponentes de la literatura peruana, a la par de César Vallejo, poeta universal. Su obra completa muestra la sensibilidad del hombre educado en la atmósfera de dos culturas contrapuestas y enfrentadas. Su literatura supo expresar con profunda intensidad el alma indígena de los Andes. La identificación del autor con la realidad de la comunidad (el ayllu) como ente organizativo, evidencia una íntima comprensión en cuanto a la primitiva crueldad del abuso; asimismo, esta agudeza se manifiesta en los relatos sobre el trabajo colectivo, la mitología, la música, los bailes, las costumbres y las celebraciones. La riqueza de las descripciones y la visión de la compleja existencia del mundo indígena después de la conquista, la colonia y la república criolla, lleva a mostrar un conflicto aún no resuelto en conexión a la edificación de la nación peruana.
Desde sus primeros pasos narrativos, Arguedas comenzó a vivir una lucha interior donde se advierte el conflicto social de dos universos inhumanamente encontrados: la predominancia de los terratenientes, los gamonales, los principales (mistis) y las autoridades sobre los indígenas de las comunidades, pueblos y aldeas. El odio hacia el mundo indígena sobresale con nitidez en los relatos de la vida de las haciendas y aldeas de la sierra central, ahí el sufrimiento resignado de los indígenas es desgarrador, por el mismo hecho de ser no sólo un acto de discriminación hacia ellos sino de exaltada superioridad racial. Cabe destacar aquí el uso del bilingüismo (castellano-quechua) y el aprovechamiento de la expresión literaria vernácula del Perú, una búsqueda permanente del autor en su narrativa lírica, poética y épica. Su primer libro publicado en 1935 agrupa tres cuentos bajo el título de Agua y ya desde entonces se observa ahí el lenguaje fantaseado e ingeniado de sintaxis rítmica quechua y vocabulario propio de ese idioma injertado en el castellano, a manera de representar el mundo indígena inocente, impresionable, tierno y solidario soportando la violencia de los “blancos.”
A diferencia del naturalismo clásico de Ciro Alegría (El mundo es ancho y ajeno, Los perros hambrientos, la serpiente de oro) y de otros latinoamericanos como Eustaquio Rivera, Rómulo Gallegos, Mariano Azuela, el realismo de Arguedas es conmovedor, trágico y patético, producto de su inmenso amor a la cultura indígena y de su lucha para defenderla de la invasión depredadora de una “civilización” despreciativa, ilegal y abusiva. En Yawar Fiesta (Fiesta de Sangre), entrega como cuento en 1937, luego como novela en 1941, el autor describe no sólo la fiesta de la corrida de toros y el cóndor sino aprovecha la celebración cardinal del día nacional, 28 de julio, para expresar el deseo de redimir a los comuneros indígenas de sus paupérrimas condiciones económicas y sociales, haciendo ver que ellos tienen sus propias normas y leyes de convivencia; y también para defenderlos de la paulatina usurpación de sus tierras. Las tempranas experiencias vividas de niño en medio de los ayllus le sirvieron para el aprendizaje del quechua de primera mano y para conocer de cerca la violencia ejercida por los patrones en ese conflicto indígenas-señores, que se verá en sus obras posteriores reforzadas por sus estudios de antropología.
En Los ríos profundos, novela de 1958 y de la cárcel El Sexto de 1961, las interpretaciones concebidas son autobiográficas. En ambas novelas, la violencia de la sociedad peruana domina los escenarios y el propio autor se pone a prueba desde la infancia en el colegio, en su encuentro con la ciudad capital del imperio Inca, en su participación en las revueltas indígenas y hasta en el descubrimiento atormentado de la sexualidad. Igual la violencia inaudita de por sí se manifiesta en Diamantes y Pedernales. Pero es con “Todas las Sangres” donde José María Arguedas va al reencuentro con el dilema social más amplio, el que abarca el asunto de la tenencia de la tierra y las transformaciones económicas, políticas, sociales y culturales, que pretenden violentar las relaciones entre la metrópoli y los Andes. La dicotomía entre la modernidad que avanza y la subsistencia del mundo feudal, se interpreta a través de una familia de latifundistas en un trance narrativo ambicioso de balance de modelos de desarrollo, de vida, de tradiciones, de principios guías convertidos en leyes naturales y sobre todo del trabajo comunitario, herencia de un colectivismo no aceptado por la burguesía nacional en la configuración de la sociedad peruana. Arguedas posee en esta novela una fuerza de optimismo que, inclusive, lo aproxima a una imagen social comunitaria dentro del avance de la modernización, elevando el problema del indio tratado por Mariátegui a problema nacional adscrito a la teoría de las naciones en desarrollo dentro de un propio país.
La última novela de Arguedas, El zorro de arriba y el zorro de abajo, no concluida en vida, desarrollada en el ambiente pesquero frenético y caótico del puerto de Chimbote, y muchos de sus cuentos, ensayos, poesía y relatos cortos fueron publicados de manera póstuma debido al suicidio cometido por el escritor en noviembre de 1969. Un año antes de su muerte, con ocasión de recibir el premio Inca Garcilaso de la Vega, Arguedas en su discurso señaló lo siguiente como tarea cumplida: “La ilusión de juventud del autor parece haber sido alcanzada. No tuvo más ambición que la de volcar en la corriente de la sabiduría y el arte del Perú criollo el caudal del arte y la sabiduría de un pueblo al que se consideraba degenerado, debilitado o “extraño” e “impenetrable” pero que, en realidad, no era sino lo que llega a ser un gran pueblo, oprimido por el desprecio social, la dominación política y la explotación económica en el propio suelo donde realizó hazañas por las que la historia lo consideró como gran pueblo: se había convertido en una nación acorralada, aislada para ser mejor y más fácilmente administrada y sobre la cual sólo los acorraladores hablaban mirándola a distancia y con repugnancia o curiosidad. Pero los muros aislantes y opresores no apagan la luz de la razón humana y mucho menos si ella ha tenido siglos de ejercicio; ni apagan, por tanto, las fuentes del amor de donde brota el arte. Dentro del muro aislante y opresor, el pueblo quechua, bastante arcaizado y defendiéndose con el disimulo, seguía concibiendo ideas, creando cantos y mitos. Y bien sabemos que los muros aislantes de las naciones no son nunca completamente aislantes.”
La imagen literaria de Arguedas con su obra completa, cargada en un primer momento de impaciencia y rebeldía se nutre luego de razonamiento político-filosófico y de una encrespada aparente confusión, se consuma mediante lecturas imprescindibles como él mismo destaca en el discurso citado: “Fue leyendo a Mariátegui y después a Lenin que encontré un orden permanente en las cosas; la teoría socialista no sólo dio un cauce a todo el porvenir sino a lo que había en mí de energía, le dio un destino y lo cargó aún más de fuerza por el mismo hecho de encauzarlo. ¿Hasta dónde entendí el socialismo? No lo sé bien. Pero no mató en mí lo mágico.”
Carlos Angulo Rivas es poeta y escritor peruano.
Desde sus primeros pasos narrativos, Arguedas comenzó a vivir una lucha interior donde se advierte el conflicto social de dos universos inhumanamente encontrados: la predominancia de los terratenientes, los gamonales, los principales (mistis) y las autoridades sobre los indígenas de las comunidades, pueblos y aldeas. El odio hacia el mundo indígena sobresale con nitidez en los relatos de la vida de las haciendas y aldeas de la sierra central, ahí el sufrimiento resignado de los indígenas es desgarrador, por el mismo hecho de ser no sólo un acto de discriminación hacia ellos sino de exaltada superioridad racial. Cabe destacar aquí el uso del bilingüismo (castellano-quechua) y el aprovechamiento de la expresión literaria vernácula del Perú, una búsqueda permanente del autor en su narrativa lírica, poética y épica. Su primer libro publicado en 1935 agrupa tres cuentos bajo el título de Agua y ya desde entonces se observa ahí el lenguaje fantaseado e ingeniado de sintaxis rítmica quechua y vocabulario propio de ese idioma injertado en el castellano, a manera de representar el mundo indígena inocente, impresionable, tierno y solidario soportando la violencia de los “blancos.”
A diferencia del naturalismo clásico de Ciro Alegría (El mundo es ancho y ajeno, Los perros hambrientos, la serpiente de oro) y de otros latinoamericanos como Eustaquio Rivera, Rómulo Gallegos, Mariano Azuela, el realismo de Arguedas es conmovedor, trágico y patético, producto de su inmenso amor a la cultura indígena y de su lucha para defenderla de la invasión depredadora de una “civilización” despreciativa, ilegal y abusiva. En Yawar Fiesta (Fiesta de Sangre), entrega como cuento en 1937, luego como novela en 1941, el autor describe no sólo la fiesta de la corrida de toros y el cóndor sino aprovecha la celebración cardinal del día nacional, 28 de julio, para expresar el deseo de redimir a los comuneros indígenas de sus paupérrimas condiciones económicas y sociales, haciendo ver que ellos tienen sus propias normas y leyes de convivencia; y también para defenderlos de la paulatina usurpación de sus tierras. Las tempranas experiencias vividas de niño en medio de los ayllus le sirvieron para el aprendizaje del quechua de primera mano y para conocer de cerca la violencia ejercida por los patrones en ese conflicto indígenas-señores, que se verá en sus obras posteriores reforzadas por sus estudios de antropología.
En Los ríos profundos, novela de 1958 y de la cárcel El Sexto de 1961, las interpretaciones concebidas son autobiográficas. En ambas novelas, la violencia de la sociedad peruana domina los escenarios y el propio autor se pone a prueba desde la infancia en el colegio, en su encuentro con la ciudad capital del imperio Inca, en su participación en las revueltas indígenas y hasta en el descubrimiento atormentado de la sexualidad. Igual la violencia inaudita de por sí se manifiesta en Diamantes y Pedernales. Pero es con “Todas las Sangres” donde José María Arguedas va al reencuentro con el dilema social más amplio, el que abarca el asunto de la tenencia de la tierra y las transformaciones económicas, políticas, sociales y culturales, que pretenden violentar las relaciones entre la metrópoli y los Andes. La dicotomía entre la modernidad que avanza y la subsistencia del mundo feudal, se interpreta a través de una familia de latifundistas en un trance narrativo ambicioso de balance de modelos de desarrollo, de vida, de tradiciones, de principios guías convertidos en leyes naturales y sobre todo del trabajo comunitario, herencia de un colectivismo no aceptado por la burguesía nacional en la configuración de la sociedad peruana. Arguedas posee en esta novela una fuerza de optimismo que, inclusive, lo aproxima a una imagen social comunitaria dentro del avance de la modernización, elevando el problema del indio tratado por Mariátegui a problema nacional adscrito a la teoría de las naciones en desarrollo dentro de un propio país.
La última novela de Arguedas, El zorro de arriba y el zorro de abajo, no concluida en vida, desarrollada en el ambiente pesquero frenético y caótico del puerto de Chimbote, y muchos de sus cuentos, ensayos, poesía y relatos cortos fueron publicados de manera póstuma debido al suicidio cometido por el escritor en noviembre de 1969. Un año antes de su muerte, con ocasión de recibir el premio Inca Garcilaso de la Vega, Arguedas en su discurso señaló lo siguiente como tarea cumplida: “La ilusión de juventud del autor parece haber sido alcanzada. No tuvo más ambición que la de volcar en la corriente de la sabiduría y el arte del Perú criollo el caudal del arte y la sabiduría de un pueblo al que se consideraba degenerado, debilitado o “extraño” e “impenetrable” pero que, en realidad, no era sino lo que llega a ser un gran pueblo, oprimido por el desprecio social, la dominación política y la explotación económica en el propio suelo donde realizó hazañas por las que la historia lo consideró como gran pueblo: se había convertido en una nación acorralada, aislada para ser mejor y más fácilmente administrada y sobre la cual sólo los acorraladores hablaban mirándola a distancia y con repugnancia o curiosidad. Pero los muros aislantes y opresores no apagan la luz de la razón humana y mucho menos si ella ha tenido siglos de ejercicio; ni apagan, por tanto, las fuentes del amor de donde brota el arte. Dentro del muro aislante y opresor, el pueblo quechua, bastante arcaizado y defendiéndose con el disimulo, seguía concibiendo ideas, creando cantos y mitos. Y bien sabemos que los muros aislantes de las naciones no son nunca completamente aislantes.”
La imagen literaria de Arguedas con su obra completa, cargada en un primer momento de impaciencia y rebeldía se nutre luego de razonamiento político-filosófico y de una encrespada aparente confusión, se consuma mediante lecturas imprescindibles como él mismo destaca en el discurso citado: “Fue leyendo a Mariátegui y después a Lenin que encontré un orden permanente en las cosas; la teoría socialista no sólo dio un cauce a todo el porvenir sino a lo que había en mí de energía, le dio un destino y lo cargó aún más de fuerza por el mismo hecho de encauzarlo. ¿Hasta dónde entendí el socialismo? No lo sé bien. Pero no mató en mí lo mágico.”
Carlos Angulo Rivas es poeta y escritor peruano.
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